La ciudad que siempre te da una razón para volver
by Erika Sin Plan
Cuando era pequeña soñaba con conocer Roma y, si bien mucho fue gracias a Lizzie McGuire, de verdad añoraba poder cantar What Dreams Are Made Of. Muchos años después tuve la oportunidad de hacerlo.
Existen cientos de miles de ciudades en este mundo y, como lo he dicho, no soy una experta —mucho menos en viajes— porque realmente conozco muy poco. Pero si hay una ciudad a la que volvería todas las veces que la vida me diera la oportunidad, sería a esta.
A ver, es que también elegir una ciudad en Italia a la que volvería siempre está muy complicado, pero en esta ocasión quiero hablar de Roma, porque es mucho más que el Coliseo, la Fontana di Trevi o el Vaticano.
Creo que la verdadera esencia de esa ciudad está en recorrer sus calles que, aunque son caóticas como las de cualquier gran capital, tienen algo especial. Están llenas de carros, de gente y, no, no te la pasas escuchando Volaré por todas partes. Al contrario, es una ciudad donde las sirenas de las ambulancias forman parte del paisaje sonoro. Pero justamente ahí está su magia.
Si bien es una ciudad llena de monumentos históricos bellísimos, y de eso no hay ninguna duda, cada vez que voy me encanta volver a verlos. Sin embargo, ya no es eso lo que más me llama de Roma.
Al principio quieres comerte la ciudad; sientes que el tiempo nunca es suficiente y, la verdad, no lo es, nunca lo será, pero con cada viaje me he dado cuenta de que lo que más me enamora, son sus calles llenas de fuentes en cada esquina, la gente mostrando su arte, la comida —que verdaderamente es deliciosa—, el helado, el café y, de alguna manera, también su cultura.
Al ser una ciudad tan importante a nivel mundial, no puedo dejar de valorar la multiculturalidad que existe en ella. Poder encontrarte con personas de todas partes del mundo hace que cada paseo se sienta diferente.
Y, como mexicana, las experiencias que he tenido ahí han sido espectaculares. Los italianos que conocen un poco de México te reciben con una calidez que se agradece cuando estás tan lejos de casa. El simple hecho de que hagan el esfuerzo de cambiar de idioma para poder comunicarse contigo es algo que nunca deja de sorprenderme.
Quizá esa sea la razón por la que siempre lanzo una moneda a la Fontana di Trevi. No porque crea que una fuente pueda decidir mi destino, sino porque siempre me voy con la esperanza de volver. Porque hay ciudades que te gustan, hay ciudades que te sorprenden... y luego está Roma, esa ciudad que siempre encuentra una nueva razón para hacerte regresar.
Roma es magia, y Roma se vuelve mas bella caminandola… sin plan.


