Las historias también crecen contigo
By Erika Sin Plan
Tuve la fortuna de crecer rodeada de teatro. Desde muy pequeña, mis papás me llevaron a descubrir el teatro musical y, sin darme cuenta, ahí encontré una de las pasiones que más disfruto hasta la fecha.
Hoy no me puedo levantar ha tenido varias temporadas desde que se estrenó en 2006. Pero no vengo a contarles la historia de la obra, porque esa la pueden encontrar en cualquier lado. Vengo a contarles por qué, veinte años después, volvió a significar tanto para mí.
Esta fue una de las obras que vi cuando tenía nueve años. Viéndolo en retrospectiva, quizá era muy pequeña para una historia que toca temas tan fuertes, pero siendo realistas, a esa edad no entiendes todo lo que sucede sobre el escenario. Te enamoras de la puesta en escena, de los actores, de la música y de esa sensación que solo un musical puede provocar. En mi caso, además, la música era de Mecano, un grupo con el que también crecí y que, hasta la fecha, sigue siendo parte de mi vida.
Con motivo de los 20 años de la obra, los actores originales decidieron reunirse, no para montarla nuevamente, sino para adaptarla a un formato de concierto que nos hiciera revivir todo lo que representó en su momento. En cuanto salieron a la venta los boletos, supe que quería estar ahí. Después de todo, fue una de las primeras obras que recuerdo haber visto y la idea de volver a escuchar esas canciones, pero ahora siendo adulta y viendo nuevamente a los actores que tanto admiro, me emocionaba muchísimo.
Volver a ver a Alan Estrada, Luis Gerardo Méndez y Fernanda Castillo sobre un escenario fue mucho más que recordar una obra de teatro. Con el paso de los años, cada uno construyó un camino muy distinto y fue inevitable pensar en todo lo que había pasado desde aquella primera vez que los vi siendo una niña. Alan, sin saberlo, fue una de las personas que despertó en mí las ganas de viajar y de contar historias a través de Alan x el Mundo, convirtiéndose en una de las inspiraciones para que hoy exista Erika sin plan. Luis Gerardo Méndez ha construido una carrera que siempre he admirado y que demuestra que el trabajo y la constancia realmente dan frutos. Y Fernanda Castillo, además de tener un talento impresionante, es una mujer cuya fortaleza y disciplina siempre me han parecido dignas de admirar. Verlos nuevamente juntos fue recordar que no solo ellos habían recorrido un gran camino durante estos veinte años; yo también lo había hecho.
Escuchar sus experiencias y conocer todo lo que vivieron para llegar hasta donde están hoy me hizo recordar que nadie construye sus sueños de un día para otro. Hace veinte años ellos estaban comenzando una etapa que terminaría cambiando sus vidas y, de alguna manera, escuchar ese recorrido también me hizo pensar en el mío. Me recordó que, aunque a veces el camino parezca largo, vale la pena seguir trabajando por aquello que uno sueña.
Tal vez por eso esa tarde fue tan especial para mí. No porque volviera a ver una obra de teatro, sino porque, por un momento, pude volver a encontrarme con la niña que se sentó en una butaca hace veinte años sin imaginar todo lo que la vida le tenía preparado. Y creo que esa es la magia de algunas historias: nunca cambian, somos nosotros quienes las entendemos de una forma completamente distinta con el paso del tiempo.
Así que, si eres fan de HNMPL o esta obra significa algo para ti, de verdad ve. La vas a disfrutar muchísimo. Pero si lo que buscas es ver la obra como tal, porque no sabías que era un concierto (como le pasó a mucha gente el día que fui), mejor ahórrate ese dinero porque probablemente salgas decepcionado.
Y hasta aquí esta nota... sin plan.


